11 Abr 2026

Firmamos un convenio con una empresa que busca desarrollar un innovador tipo de células madre para tratar el Parkinson

CoreCell Therapeutics, una flamante startup nacional, propone un nuevo enfoque para obtener precursores de ciertas neuronas humanas que son las afectadas en los pacientes con Parkinson. Una estrategia que también podría servir para tratar afecciones cardíacas o diabetes.

Con más de 15 años de experiencia en el área, Fernando Pitossi, jefe de nuestro Laboratorio de Terapias Regenerativas y Protectoras del Sistema Nervioso Central, es el director científico de CoreCell Therapeutics.

Con el objetivo de impulsar el avance de la medicina regenerativa, y la confianza que tenemos en el trabajo que lleva realizando en el área desde hace más de 15 años el jefe de nuestro Laboratorio de Terapias Regenerativas y Protectoras del Sistema Nervioso Central, Fernando Pitossi, firmamos un convenio con una flamante startup nacional para la obtención de células madre pluripotentes inducidas (o iPS) de segunda generación.

El desarrollo estará a cargo de CoreCell Therapeutics, empresa cuyo presidente es Sergio Pampin, jefe del Servicio de Neurocirugía Funcional del Hospital Posadas. Pitossi está a cargo de la dirección científica.

Desde 2006, cuando el japónés Shinya Yamanaka las presentó al mundo, las IPS se convirtieron en la gran promesa para quienes investigan el desarrollo de nuevos tratamientos para distintas enfermedades, desde neurodegenerativas hasta cardíacas e incluso la diabetes tipo 1. Se obtienen a partir de células adultas maduras (de la piel, por ejemplo) a las que se “resetea” genéticamente para que se comporten como células madre embrionarias; luego se las diferencia en el laboratorio para que se comporten como cualquier otra célula del organismo: cardíacas, hepáticas, neuronas.

“Hay mucha expectativa con la primera generación de las IPS para el tratamiento del Parkinson porque en Japón se aprobó hace poco una terapia de forma condicional y en Estados Unidos avanza otra que está en la última etapa clínica (fase 3)”, señala Pitossi. Y aclara que, aunque hasta el momento los ensayos funcionan bien, estos enfoques presentan varias limitaciones. Entre ellas, que son muy costosos y que, a la vez, cuando se logran implantar en el cerebro, las células tienen una sobrevida muy baja y variable que dificulta la dosificación del tratamiento. Como ocurre con cualquier órgano trasplantado, existe la amenaza del rechazo inmunológico.

“Nosotros venimos a proponer y desarrollar algo diferente”, asegura el investigador, que explica que la identidad inmunológica de una célula está dada por lo que se conoce como el complejo mayor de histocompatibilidad (HLA1 y HLA2), proteínas de la superficie celular que son fundamentales en la respuesta inmune y el rechazo en el caso de los trasplantes, ya que son las que le permiten al organismo diferenciar lo propio de lo ajeno.

En este punto, Pitossi resalta que CoreCell Therapeutics estableció un acuerdo con MD Bio, la empresa del ex director del Instituto de Medicina Regenerativa de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos, Mahendra Rao, que les da “libertad para operar” uno de sus hallazgos más prometedores: células IPS hipoinmunes, a las que por medio del uso de CRISPR o “tijeras moleculares” les quitaron dos genes esenciales, de manera que pasan desapercibidas para el sistema inmune.

“Es a partir de esas células que nosotros vamos a producir progenitores de neuronas dopaminérgicas. Pero vamos a ir todavía un paso más allá. Les vamos a agregar dos modificaciones o señales de manera que, por un lado, puedan tener una mejor sobrevida una vez implantadas en el cerebro y, por otro, se les agregue una capa de seguridad extra para los pacientes”, puntualiza. Esta estrategia permitiría reducir mucho los costos y facilitar el acceso a la población de estos tratamientos.

Como se trata de un enfoque novedoso, que todavía tiene que ser probado, el especialista no puede brindar más detalles. Sí resalta que ya tienen unos primeros inversores nacionales interesados, y que siguen buscando inversiones. Una vez que empiecen a trabajar, si todo sale como se imaginan, tardarán unos cinco años en tener las nuevas células IPS listas para que su utilización en pacientes comience a ser estudiada en el marco de ensayos clínicos.