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Publicado el Abr 24, 2019 en Videos

La biología vegetal es relevante para el sector agro

Aimé Jaskolowski nació en la Ciudad de Buenos Aires, pero se siente más una barilochense porque se mudó a esa ciudad con su familia cuando tenía 3 años. Egresó como licenciada en Ciencias Biológicas de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires y realizó su doctorado bajo la dirección del doctor Pablo Cerdán, jefe del Laboratorio de Biología Molecular de Plantas en la Fundación Instituto Leloir (FIL).

Comprender los “actores” moleculares de una planta es crucial para el desarrollo de programas agronómicos que maximicen la producción agropecuaria

Comprender los “actores” moleculares de una planta es crucial para el desarrollo de programas agronómicos que maximicen la producción agropecuaria

El objetivo general del laboratorio donde realizó su tesis de doctorado es comprender cómo diferentes señales del medio ambiente (por ejemplo la luz o la temperatura) influyen en la capacidad de las plantas de florecer y producir frutos. “Comprender cuáles son los ‘actores’ moleculares dentro de una planta que primero perciben estas señales y luego le dicen a ella si es la época de florecer y dar frutos o no, es crucial para el desarrollo de programas agronómicos que nos permitan maximizar la producción agropecuaria”, explica Jaskolowski.

Particularmente durante su doctorado, la joven investigadora se dedicó al estudio de uno de esos “actores moleculares” que se llama Mediator y que está formado por un gran número de proteínas, llamadas MED, que unidas arman un complejo. El Mediator se encuentra en una amplia variedad de seres vivos, desde el ser humano a las levaduras, y es crucial para diferentes procesos que hacen a un ser vivo.

“Particularmente en plantas se sabe que las proteínas o subunidades individuales que forman al complejo Mediator (como MED30 y MED27) son capaces de responder a diferentes tipos de señales del medio ambiente y así controlar varios aspectos del desarrollo de una planta como la floración, desarrollo de la semilla, respuestas a patógenos, y otros procesos”, enumera Jaskolowski.

“Fue un privilegio para mí haber podido iniciar mi formación científica en la FIL. Realmente lo considero un lugar de primer nivel para hacer ciencia en Argentina. No solo por el equipamiento que posee, sino también por la calidad de los científicos y el personal administrativo que trabaja allí”, destaca la doctora.

Para Jaskolowski, la FIL es un ambiente donde se promueve el debate interdisciplinario, “lo que le hace a uno pensar, como se dice, fuera de la caja. Un bioquímico que se dedica a estudiar proteínas no te va a plantear las mismas preguntar que un biólogo que estudia cromosomas, por ejemplo. Y esto enriquece mucho la manera de enfrentar una investigación científica”.

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