26 May 2026

Hallan un mecanismo común de replicación de los virus del dengue, Zika y fiebre amarilla, que podría inspirar un antiviral de “amplio espectro”

Dos décadas después de haber descubierto cómo se replica el virus del dengue, el grupo de nuestro Laboratorio de Virología Molecular, dirigido por Andrea Gamarnik, consiguió un nuevo hito: determinó que todos los virus del género orthoflavivirus comparten una estructura esencial para producir nuevas copias de su ARN. Además, identificaron dos moléculas que al unirse a ese sitio “universal” inhiben su multiplicación, lo que aporta un paso clave hacia el posible desarrollo de tratamientos antivirales.

Andrea Gamarnik (tercera desde la izq.) junto a Santiago Oviedo-Rouco (remera beige), Mehrnoosh Arrar (remera blanca) y el resto del grupo de su laboratorio.

Veinte años atrás, el grupo del Laboratorio de Virología Molecular liderado por Andrea Gamarnik en nuestra Fundación reveló cómo hace el virus del dengue para replicar su material genético e infectar mosquitos y humanos. Este hallazgo sobre un virus que se estima que infecta entre 100 y 400 millones de personas en el planeta cada año, le valieron a Gamarnik reconocimiento mundial. Ahora, su equipo consiguió un nuevo hito: demostrar que ese mecanismo de replicación es “universal” para todos los virus del mismo género, que incluye al Zika y el de la fiebre amarilla, entre más de 20 virus que causan distintas enfermedades.

“Descubrimos que todos los virus del género orthoflavivirus peligrosos para los humanos comparten una pieza esencial dentro del mecanismo que utilizan para multiplicarse en la célula y además propusimos que esta pieza es un talón de Aquiles común a todos ellos”, explica el doctor en química Santiago Oviedo-Rouco, miembro del Laboratorio de Virología Molecular y autor principal del estudio que se publicó en Plos Pathogens.

“Con esto en mente –continúa el investigador– buscamos, y encontramos, compuestos químicos que interfieren en este mecanismo y frenan la infección de muchos de ellos en modelos de laboratorio. A largo plazo, esto puede llevar a tener un antiviral de amplio espectro; es decir, un solo medicamento capaz de tratar diferentes virus”.

Para probar la hipótesis sobre la universalidad de esa pieza esencial para la replicación, el grupo trabajó con el virus del dengue como si fuera un juego de construcción y se la fue reemplazando por las de otros virus que son transmitidos por mosquitos o garrapatas. “¡Y funcionó con todos ellos! Esto demostró que los orthoflavivirus comparten un mismo mecanismo de multiplicación y que esas porciones clave de ARN que son promotoras para la replicación en distintos virus son intercambiables entre sí”, resalta Oviedo-Rouco.

El siguiente paso fue buscar cómo bloquearlas para evitar que los virus puedan multiplicarse. Para eso, el grupo comandado por Gamarnik realizó análisis estructurales computacionales y sumó a la especialista en modelado de biomoléculas Mehrnoosh Arrar y su equipo del Instituto de Cálculo de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y el CONICET. “Este trabajo interdisciplinario permitió, además, poner a prueba métodos computacionales fundamentales para el campo de la predicción de estructuras de ARN”, señala Arrar.

Después de un rastreo pormenorizado, el equipo encontró un compuesto prometedor que se une a esta pieza universal e inhibe la multiplicación de varios orthoflavivirus. “Esto es muy esperanzador, aunque todavía falta mucho trabajo para determinar si efectivamente se pueden convertir en medicamentos para tratar pacientes”, aclara Oviedo-Rouco.

Los tiempos para que un descubrimiento de laboratorio se convierta en una terapia de uso clínico son prolongados, ya que incluyen pruebas en animales y en humanos para evaluar su toxicidad, efectividad y estabilidad, más allá de los análisis sobre las posibles formas de producción, comercialización y distribución. “Aunque este camino es largo, nuestro descubrimiento ofrece una ventaja fundamental: no estamos buscando un tratamiento para una sola enfermedad, sino una llave maestra que podría protegernos contra múltiples virus actuales y, lo más importante, contra amenazas que aún no conocemos”, enfatiza Oviedo-Rouco.

Para Gamarnik, este trabajo “es el corolario de 20 años de estudios, que comenzó con el descubrimiento de un mecanismo básico de la biología del virus del dengue, que ahora estamos utilizando para la búsqueda de antivirales que podrían ser útiles para muchos otros virus”. Y añade: “Uno no sabe de antemano el impacto que hay detrás de los descubrimientos. Pueden pasar muchos años hasta que vemos su aplicación, pero así funciona la ciencia”.

Por último, la investigadora menciona la situación que enfrenta el sector de la ciencia y tecnología argentino: “Hoy nos invitan a presentar nuestros descubrimientos en universidades e institutos de distintas partes del mundo, mientras que en nuestro país atravesamos un profundo desfinanciamiento del sistema científico, que desmantela y expulsa a nuestros equipos de trabajo. Si esta política no cambia pronto, el daño será irreparable y sus consecuencias se sentirán, al menos, durante varias generaciones”.