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Publicado el Sep 6, 2021 en instagram Links, Noticias Destacadas, Noticias Institucionales, Noticias principales

Se cumplen 115 años del nacimiento de Luis Federico Leloir

Un 6 de septiembre de 1906 nació el médico que decidió dedicarse a la investigación en el laboratorio y ganó en 1970 el Premio Nobel de Química por descubrir  los nucleótidos azúcares y su papel en la formación de hidratos de carbono. Discípulos recuerdan aspectos relevantes de la vida y obra de quien fuera director de nuestra fundación por más de 4 décadas desde su creación.

Luis Federico Leloir, Premio Nobel de Química de 1970, fue director de nuestra fundación por más de cuatro décadas desde su creación en 1947.

Hace 115 años, el 6 de septiembre de 1906, nació  el doctor Luis Federico Leloir,  ganador del  Premio Nobel de Química 1970 por el descubrimiento de procesos bioquímicos básicos para la vida que fueron de gran importancia para el campo de la medicina y la química biológica.

“La bioquímica y yo nacimos y crecimos casi al mismo tiempo”, afirmó Leloir en su breve autobiografía de 1982. Y agregó: “He presenciado el maravilloso desarrollo de la bioquímica y el haber contribuido a él, aunque en forma modesta, es para mí un motivo de placer”.

“Las investigaciones de Leloir no solo permitieron describir cómo se almacenan los azúcares en animales y plantas bajo la forma de glucógeno y almidón respectivamente, sino también el modo en que se utilizan como fuente de energía”, explica Armando Parodi, investigador emérito de la Fundación Instituto Leloir (FIL) y del CONICET quien realizó su tesis doctoral bajo la dirección de Leloir.

Dentro de los tantos descubrimientos figura el llamado “camino de Leloir”: la ruta bioquímica a través de la cual el organismo aprovecha la energía de los azúcares para poder vivir. En términos técnicos, describe los tres cambios sucesivos que experimenta la galactosa (un azúcar presente en la leche materna y en lácteos en general) para convertirse en glucosa. Y en esa transformación participa como intermediario una molécula llamada “uridina difosfato glucosa” o UDPG, el primer nucleótido azúcar que se descubrió.

Luis Federico Leloir (izq.) y el Rey Gustavo de Suecia en la ceremonia de entrega del Premio Nobel de Química de 1970.

Los hallazgos de Leloir sirvieron para entender en profundidad múltiples patologías como la galactosemia, una enfermedad hereditaria que provoca que quienes la padecen estén impedidos de asimilar el azúcar de la leche y que de no ser tratada produce lesiones en el hígado, riñones y en el sistema nervioso central.

“Los descubrimientos de Leloir y colaboradores sobre la vía de metabolismo de la glucosa (la vía glicolítica) fueron fundamentales, y hoy despiertan enorme interés dado que se encontró que muchas células cancerosas utilizan esa vía para su multiplicación”, afirma el médico José Mordoh, investigador superior del CONICET que integró el laboratorio de Leloir entre 1964 y 1969.

De la medicina a la ciencia

Con 26 años, Leloir se recibió de médico en la UBA y trabajó en el Hospital de Clínicas durante dos años. “Nunca estuve satisfecho con lo que hacía por los pacientes”, explicó Leloir en su autobiografía. Y agregó: “Cuando practicaba la medicina, podíamos hacer muy poco por nuestros pacientes, a excepción de la cirugía, digitalina y otros pocos remedios activos”.

Con la convicción de que era necesario comprender mejor los procesos biológicos que sustentan la vida, Leloir comenzó a hacer ciencia en el Instituto de Fisiología de la Facultad de Medicina de la UBA. Su tesis doctoral, “Suprarrenales y el metabolismo de los hidratos de carbono”, realizada bajo la dirección de su maestro y mentor, el primer Nobel de ciencias argentino Bernardo Houssay (1887-1971), fue distinguida en la Facultad como la mejor del año y lo ubicó en la senda del metabolismo de los azúcares y de la síntesis del glucógeno

Los hallazgos de Leloir y su pasión por la investigación no son su único legado, afirma Ángeles Zorreguieta, directora del Instituto Leloir, quien realizó su tesis de doctorado bajo la dirección del Nobel argentino. Y agrega: “Recuerdo su modestia y camaradería. También su forma respetuosa de guiar a sus discípulos y discípulas para abrir e impulsar la autonomía de nuestras mentes en el campo de la investigación”,

“Leloir también dejó un instituto en marcha con visión de futuro en sus líneas de investigación y con capacidad para resolver problemas de la sociedad”, concluye.

La FIL se creó en 1947 y fue dirigida por Leloir durante más de cuatro décadas. Es una organización sin fines de lucro cuyo objetivo es mejorar la calidad de vida de la población y promover el desarrollo del país a través de la investigación básica en biomedicina y biología vegetal y la formación de recursos humanos altamente especializados en ciencia.