Menu de páginas
Instagram
Menu de Categorías

Publicado el Mar 6, 2020 en instagram Links, Noticias Destacadas, Noticias Institucionales, Noticias principales

Desarrollan vacuna experimental contra la brucelosis porcina

Los investigadores de la Fundación Instituto Leloir, del CONICET y de la UBA la aplicaron por vía nasal en ratones de laboratorio. Es una enfermedad que afecta la producción porcina y puede transmitirse a humanos. 

Angeles Zorreguieta, Mariana Ferrero, Florencia Muñoz González, Gabriela Sycz y Pablo Baldi.

Angeles Zorreguieta, Mariana Ferrero, Florencia Muñoz González, Gabriela Sycz y Pablo Baldi.

Hasta la fecha no existen vacunas eficientes para proteger a los cerdos de la infección por un tipo de bacteria (Brucella suis) que produce brucelosis porcina, una patología que no sólo afecta la producción pecuaria, sino que también puede ser transmitida a productores rurales, trabajadores de la carne y veterinarios.

Ahora, investigadores de la Fundación Instituto Leloir (FIL), del CONICET y de la UBA en colaboración con un investigador noruego, desarrollaron a nivel experimental una vacuna que por vía nasal logró brindar protección a ratones en un modelo de infección por vía oral. Los resultados abren posibilidades para diseñar en el futuro una vacuna comercial segura para prevenir la infección en los cerdos y, en consecuencia, la enfermedad humana o zoonosis.

El desarrollo está enfocado en la proteína BtaF, descubierta por el grupo que lidera Angeles Zorreguieta en la FIL, y que está implicada en la capacidad de la bacteria para adherirse a la superficie de las células porcinas y humanas. Esta habilidad es fundamental para su capacidad infectiva.

“Postulamos que la vacunación con BtaF generaría una respuesta inmune que, entre otros mecanismos, bloquearía la adhesión de las bacterias y, por lo tanto, su capacidad de infectar células”, señalaron Pablo Baldi, investigador del CONICET y profesor de Inmunología en la Facultad de Farmacia y Bioquímica (FFyB) de la UBA, y Mariana Ferrero, investigadora del CONICET en la FFyB de la UBA.

Para corroborar esa hipótesis, los investigadores infectaron por vía oral a ratones que habían sido previamente vacunados con BtaF por vía nasal.  Los resultados, publicados en la revista “Frontiers in Immunology”, indicaron que los roedores inmunizados tuvieron una disminución muy notable de bacterias en los órganos blanco en comparación con los que no habían recibido la fórmula.

En la actualidad, hay vacunas en uso para el ganado bovino, caprino y ovino, pero tienen varios inconvenientes y limitaciones: son cepas bacterianas atenuadas, pero no inocuas, lo cual, además de determinar que no se las pueda utilizar en humanos, acarrea el riesgo de infecciones accidentales entre las personas responsables de la vacunación animal.

“Una alternativa para reducir este riesgo es el desarrollo de vacunas acelulares, es decir, que contengan sólo algunos componentes de la bacteria. Nuestro desarrollo se enmarca en esta categoría”, afirmó Florencia Muñoz González, primera autora del estudio e integrante del laboratorio de Baldi.

Zorreguieta, también investigadora del CONICET y autora del estudio, destacó que el trabajo “fue posible gracias a la formación de un equipo interdisciplinario”. En su laboratorio, Gabriela Sycz, también primera autora, purificó grandes cantidades de la proteína BtaF para que los colegas de la FFyB de la UBA pudiesen desarrollar y testear la vacuna experimental.

Los científicos advirtieron que el estudio constituye un primer paso en el largo camino que lleva al desarrollo de una vacuna de uso humano o veterinario. La siguiente etapa será encarar ensayos en especies animales susceptibles, como los cerdos, y también probar la capacidad de protección frente a infecciones por otras especies de Brucella.

“Nuestra vacuna, al ser acelular, podría potencialmente usarse en humanos, pero para eso hacen falta muchas pruebas y adecuaciones. Es un proceso largo”, indicaron Baldi y Ferrero.

Del trabajo también participaron Iván Alonso Paiva, del CONICET y de la FFyB de la UBA, y Dirk Linke, de la Universidad de Oslo, en Noruega.