50 ANIVERSARIO

Premio Nobel de Química 1970

Luis Federico Leloir

1906 – 1987

Luis Federico Leloir nació el 6 de septiembre de 1906 en París, a pocas cuadras del Arco de Triunfo. A partir de los dos años de edad vivió en Argentina donde completó sus estudios primarios, en la escuela estatal Catedral al Norte, y la secundaria en tres colegios diferentes: Lacordaire y del Salvador, en la ciudad de Buenos Aires, y el Beaumont, en Inglaterra.

Comenzó a estudiar arquitectura en el Instituto Politécnico de París, pero cambió de rumbo y con 26 años se recibió de médico en la UBA. Trabajó en el Hospital de Clínicas durante dos años.

“Nunca estuve satisfecho con lo que hacía por los pacientes”, explicó Leloir en su breve autobiografía de 1982. Y agregó: “Cuando practicaba la medicina, podíamos hacer muy poco por nuestros pacientes, a excepción de la cirugía, digitalina y otros pocos remedios activos”.

Con la convicción de que era necesario comprender mejor los procesos biológicos que sustentan la vida, Leloir comenzó a hacer ciencia en el Instituto de Fisiología de la Facultad de Medicina de la UBA.

Su tesis doctoral, “Suprarrenales y el metabolismo de los hidratos de carbono”, realizada bajo la dirección de su maestro y mentor Bernardo Houssay, fue distinguida en la Facultad como la mejor del año y lo ubicó en la senda del metabolismo de los azúcares y de la síntesis del glucógeno (la reserva energética de nuestro organismo): 30 años más tarde descubriría el mecanismo de este último proceso.

Los hallazgos de Leloir

A principios de 1948, Leloir y colaboradores describieron por primera vez los nucleótidos azúcares y su papel  en la formación de hidratos de carbono.

Sus estudios permitieron aclarar el mecanismo de la biosíntesis de los polisacáridos (unión de monosacáridos), especialmente del glucógeno y del almidón, las reservas energéticas de los animales y de las plantas respectivamente.

Estos trabajos son de gran relevancia porque explicaron cómo se almacena la energía en las plantas y cómo los alimentos se transforman en azúcares que sirven de combustible a la vida humana.

Dentro de sus tantos descubrimientos en este campo figura el llamado “camino de Leloir”: la ruta bioquímica a través de la cual el organismo aprovecha la energía de los azúcares para poder vivir. En términos técnicos, describe los tres cambios sucesivos que experimenta la galactosa (un azúcar presente en la leche materna y en lácteos en general) para convertirse en glucosa. Y explica que en esa transformación participa como intermediario una molécula llamada Uridina difosfato glucosa (UDPG), el primer nucleótido azúcar que se descubrió.

Camino de Leloir

 

El descubrimiento de la UDPG significó, en su proyección más general, el conocimiento del mecanismo por el cual los azúcares se transforman, son asimilados y proveen de energía a las células del organismo.

UDP-glucosa (UDPG)

Además, Leloir y su equipo identificaron la glucosa-1,6-difosfato, como una molécula fundamental en el metabolismo del glucógeno, tanto en su formación como en su degradación que ocurre en condiciones de ayuno.

“Una extensión lógica de nuestros estudios sobre el glucógeno fue investigar la formación del almidón en las plantas”, afirmó Leloir en su conferencia Nobel. Tras varios estudios, logró describir su síntesis a partir de la unión de monosacáridos de glucosa.

No es difícil comprender la gran importancia biológica de este hallazgo de Leloir: basta mencionar que el proceso que permite la existencia de la vida en la Tierra, es decir, la asimilación del anhídrido carbónico en las plantas produce azúcar. Durante la fotosíntesis se forman moléculas de glucosa que se almacenan en forma de almidón. De ahí provienen todos los hidratos de carbono, y en forma indirecta todas las demás substancias orgánicas de los organismos vivos.

Leloir y la salud

Los descubrimientos de Leloir fueron cruciales para comprender muchas enfermedades.

Una de ellas es la galactosemia, una enfermedad congénita que se caracteriza por la incapacidad del organismo para metabolizar la galactosa. Su acumulación provoca daños en diferentes órganos del cuerpo (hígado, riñones, sistema nervioso central y otros) por lo que su detección precoz es crucial.

Galactosemia

Se detecta mediante la pesquisa neonatal de galactosemia (y otras enfermedades congénitas) obligatoria en Argentina desde 2007. El principal tratamiento es eliminar de la dieta en forma absoluta la leche y otros comestibles que contengan galactosa. Si se toman en cuenta las estadísticas internacionales, todos los años nacen en nuestro país entre 10 y 20 bebés con esta enfermedad.

Otra patología esclarecida a nivel molecular es la glucogenosis, causada por un mal funcionamiento en la formación y utilización del glucógeno. El hígado y los músculos, son los tejidos más afectados en esta enfermedad.

Los mecanismos descritos por Leloir también permitieron explicar  las enfermedades congénitas por glicosilación. Estas patologías ocurren por errores en los pasos bioquímicos que posibilitan la unión del azúcar a proteínas o lípidos. Afecta principalmente al sistema nervioso central, pero también a la función muscular y a los sistemas inmunitario y endocrino.

Por otra parte, los descubrimientos de Leloir y colaboradores sobre la ruta del metabolismo de la glucosa (la vía glicolítica) hoy despiertan enorme interés dado que se encontró que muchas células cancerosas utilizan esa vía para su multiplicación.

Discurso de Leloir en Estocolmo. 10 de diciembre de 1970

Su Majestad, su Alteza Real, Excelencias, Damas y Caballeros.

El honor que he recibido excede -de lejos- mi expectativa más optimista. El prestigio del Premio Nobel es tal que uno de repente es promovido a un nuevo estatus.

En este nuevo estatus me siento incómodo al considerar que mi nombre se unirá a la lista de gigantes de la química como van Hoff, Fischer, Arrhenius, Ramsay y von Baeyer, por nombrar solo algunos.

También me siento incómodo cuando pienso en químicos contemporáneos que han hecho grandes contribuciones y también cuando pienso en mis colaboradores que llevaron a cabo una gran parte del trabajo. A pesar de esto, estoy profundamente agradecido por haber recibido de Su Majestad este gran honor y al Comité Nobel de Química de la Real Academia de Ciencias por haberme seleccionado.

Finalmente, podría parafrasear a Churchill y decir: “Nunca he recibido tanto por tan poco”.

Legado de Leloir

 

Leloir abrió un camino fructífero para la investigación de un enorme impacto y que posibilita que hoy, investigadores de nuestro país y de todo el mundo encaren con perspectiva de éxito una infinidad de problemas científicos.

Sus hallazgos no son su único legado. Su espíritu pionero, apasionado y comprometido con el conocimiento; la camaradería; la modestia y una manera de guiar a sus discípulos sin imponer, sirven de modelo de inspiración a la próxima generación de jóvenes investigadores.

“Leloir también dejó un instituto en marcha con visión de futuro en sus líneas de investigación y con capacidad para resolver problemas de la sociedad, como bien lo demostraron las herramientas desarrolladas por científicos de nuestra institución para mitigar la pandemia”, afirma Ángeles Zorreguieta, directora del Instituto Leloir, quien realizó su tesis de doctorado bajo la dirección del Nobel argentino.

Tres instituciones científicas de las más prestigiosas de nuestro país (CONICET, FIL e IBYME), se reunieron en un proyecto colaborativo con el fin de contribuir a promover la cultura científica argentina, a través de una plataforma on line de acceso abierto que rescata y pone en valor, el aporte de figuras destacadas de la ciencia nacional.

Entre las colecciones que componen el fondo del Dr. Leloir, se destaca una serie de entrevistas de sus discípulos directos. Este material da cuenta de la personalidad, de su recorrido científico, del impacto internacional y trascendencia de sus investigaciones, así como del modo en que influenció en sus vidas y en la comunidad científica nacional e internacional.

Próximamente estará disponible para todo el mundo.

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