Menu de páginas
FacebookTwitterGoogle+
Menu de Categorías

Publicado el Dic 19, 2018 en Noticias Institucionales, Noticias principales

El doctor Donald Jarvis, secretario de la Sociedad de Glicobiología, dio una charla en el Instituto Leloir

El doctor Donald Jarvis, jefe de laboratorio del Departamento de Biología Molecular de la Universidad de Wyoming, en Estados Unidos, y secretario de la Sociedad de Glicobiología, dio una charla en la Fundación Instituto Leloir (FIL).

El doctor Donald Jarvis, secretario de la Sociedad de Glicobiología y jefe de laboratorio del Departamento de Biología Molecular de la Universidad de Wyoming, en Estados Unidos, dio una charla en la Fundación Instituto Leloir.

El doctor Donald Jarvis, secretario de la Sociedad de Glicobiología y jefe de laboratorio del Departamento de Biología Molecular de la Universidad de Wyoming, en Estados Unidos, dio una charla en la Fundación Instituto Leloir.

Jarvis se graduó en Microbiología en la Universidad Estatal de Idaho, tiene un Ph.D. (1986) en virología en el Baylor College of Medicine y se doctoró en la Universidad Texas A&M. Su laboratorio se centra en la biosíntesis de glicoproteínas (proteínas unidas a azucares) de gran importancia terapéutica como las inmunoglobulinas y las vacunas, entre otras.

Las proteínas recombinantes son aquellas que se obtienen al expresar un gen clonado en una especie o una línea celular distinta a la célula original y que se emplean como “fábricas”. Un caso familiar es el de la insulina: casi toda la producción global surge de insertar, en una bacteria, el gen humano que guarda las instrucciones para producir la hormona, lo que permite su elaboración en grandes cantidades y a muy bajo costo. La glicoproteínas recombinantes son aquellas proteínas recombinantes que tienen un azúcar unido, que muchas veces es indispensable para que las proteínas sean funcionales.

Las células de insectos pueden ser empleadas como fábricas de glicoproteínas con aplicaciones biomédicas, ya que son capaces de agregar azúcares a las proteínas. Para lograr eso se insertan en su interior un tipo de virus –conocidos como Baculovirus – que introducen determinados genes que contienen información para fabricar proteínas humanas. Sin embargo la calidad de esas moléculas terapéuticas todavía tiene limitaciones ya que no alcanzan una identidad “humana” que sea transferible a pacientes para corregir determinados procesos biológicos patológicos porque los azúcares no son exactamente los mismos que los de las glicoproteínas humanas.

Sin embargo, el grupo de Jarvis ha identificado mecanismos biológicos que acercan la posibilidad de producir glicoproteínas recombinantes “humanizadas”. Los resultados de sus trabajos – publicados en revistas científicas como “Glycobiology”, “PLoS One” y “Journal of Biotechnology” – sientan bases para refinar la capacidad de los sistemas de células de insecto para generar nuevas plataformas de producción de glicoproteínas recombinantes eficaces para diversas aplicaciones biomédicas. Para mejorar esos sistemas el científico y su equipo han realizado ingeniería metabólica de células de insecto, agregando genes de glicosiltransferasas y otras modificadoras de azúcares de manera que la parte de azúcar de las glicoproteínas se parezca a la de los humanos y no a la de los insectos. De esta manera, las células de insectos ingenierizadas en las que se introducen genes de baculovirus pueden producir gran cantidad de glicoproteínas idénticas a las humanas, siendo una plataforma muy importante para producir glicoproteínas recombinantes activas.

La doctora Cecilia D’Alessio, investigadora independiente del CONICET que trabaja en el área de la glicobiología en la FIL, en particular en el uso de levaduras como organismo modelo para comprender enfermedades de glicosilación humanas, conoció al doctor Jarvis en el último meeting de la Society for Glycobiology que se llevó a cabo en New Orleans, en Estados Unidos, en noviembre de 2018. Jarvis viajó a Buenos Aires como Secretario de la Society for Glycobiology y estuvo muy interesado en conocer el Instituto Leloir, donde surgió gran parte de la glicobiología argentina de impacto internacional.